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Playa Viva
Sustainable Resort & Residence Community
 
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Carretera Zihuatanejo-Acapulco
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40834 Juluchuca, GRO
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From_the_guestbook
"Our stay was absolutely wonderful. I knew from the minute we arrived that I would surely come back for another vacation. It will be hard to have to share the place next time! I have traveled to Mexico 10+ times and this was one of my favorite trips. Far exceeded our expectations. The food was delicious and Chucky was extremely accommodating. He even made me a vegan omelette which was delicious. We ate far too much! The staff were all so warm and friendly and long hugs were exchanged when we departed. We truly enjoyed the company of Johnny, Julia and Aavi. We are also now Dominos fanatics! We have no complaints at all. Our only recommendation would be to have a chest of drawers available in the EcoCasitas. It's a little tough living out of a suitcase for 6 days."
Megan & Shawn
Visited May. 2012
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The Privilege of Nature - Privilegia la Naturaleza
Playa Viva recibe a sus huéspedes con su filosofía de regeneración

PDF del Articulo en espanol/PDF of the article in English. Portion of the Spanish version below.

Ivett Rangel - PETATLÁN, Guerrero. En Juluchuca, un pueblo que vive del sabor dulce de las cocadas y del acre de la sal, hay un nuevo placer que no sólo se paladea: Playa Viva, un hotel boutique ecológico que permite desconectarse de la cotidianidad y reconectarse a otras ideas para disfrutar
del entorno sin contaminar.

Ubicado en una reserva natural privada de 86 kilómetros, a 40 minutos del aeropuerto de Ixtapa Zihuatanejo con dirección hacia Acapulco, este lugar se inserta en la tendencia ecoturística, que cada vez tiene más adeptos alrededor del mundo.

“Ser verde, es hacer poco daño; construir sustentable, es no hacer daño, pero tener una filosofía de regeneración, es mejorar y preservar el ecosistema y eso es lo que aquí queremos hacer porque estamos en medio de la naturaleza, en 8 kilómetros a la redonda no hay nada”, explica David Leventhal, propietario de Playa Viva. Read Entire Article.

Luego de cruzar parte del pueblo y un riachuelo, el camino de tierra se interna en la selva hasta topar con un pesado portón que, al abrirse, promete un paraíso frente al Océano Pacífico.

Un kilómetro más adelante aparecen tres casas con techos de palma, pisos de madera de huapinol y bocote, paredes de barro con paja, conchas de mar y cascarones de huevo de tortuga, y detalles decorativos de cobre, son el
nuevo secreto -que ahora develamos- de sibaritas y amantes de la naturaleza.

No hay ventanas para que la brisa corra libremente, las sábanas y toallas son de algodón orgánico, el jabón es biodegradable, cada habitación cuenta con
sus propias plantas tratadoras de aguas grises y negras, la energía eléctrica proviene de paneles solares y el agua de la regadera se calienta con el sol.

Una vez bienvenido con un vaso de agua fresca, del sabor de la mejor fruta del día, se dan las reglas básicas: tirar papel en el bote de basura, no en el excusado; revisar que no haya alacranes en la habitación con una lámpara de luz negra, acudir a comer cuando suene la campana y no alimentar a Ceiba y Manchas, los perros de David que resultan una cariñosa compañía durante la estancia.

Y como Playa Viva opera bajoel lema de “lujo todo incluido”, los huéspedes disfrutan de un servicio personalizado, que incluye comida preparada con algunos productos orgánicos sembrados en el mismo lugar. Esta temporada en la hortaliza se dieron jitomates, chiles, mangos, papayas y sandías, y se espera haya muchos otros alimentos para la próxima.

Odin Ruz, quien es responsable de las “permacultura” (el trabajo de la tierra en forma sustentable), tiene espacio suficiente para dar rienda suelta a la inspiración: busca generar hortalizas y huertos frutales, y reforestar la
zona con árboles maderables para crear el alimento y materiales que requiere el lugar para su función y mantenimiento. También se encarga de regenerar los ecosistemas de la zona, humedales con manglar y la selva baja caducifolia (con árboles de hoja que caduca).

Así, los huéspedes comparten el desayuno, la comida y la cena en la mesa de la casa comunal en la que se disponen todos los platillos invitando a conversar y conocer nuevos amigos, y descansan en espacios privados sumergidos en los sonidos nocturnos de la selva.

Un hotel, toda una comunidad
Además de ser un hotel ecológico, Playa Viva busca crear una experiencia completa al involucrar a las habitantes de Juluchuca y pueblos aledaños para desarrollar una cultura de sustentabilidad y regeneración en la zona.

Aunque Daniel, Gloria, Serafín, Carmen, Alex y Olga atienden directamente a los huéspedes, hay otros locales involucrados que no se conocen, como los productores de sal y los granjeros de albahaca para que sigan procesos completamente orgánicos.

David, el propietario, está promoviendo que la misma comunidad haga champú y repelente orgánicos, entre otras cosas, para el hotel.

“Si nos ayudamos, ganamos todos y eso es justamente lo que quiero”, concluye con certeza.

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